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Hasta hoy, los
medicamentos se utilizan básicamente para tratar de controlar
algunos síntomas (no son una cura). Cada persona autista es
diferente y lo que funciona con uno, no necesariamente puede
aplicarse a otros. Se expone un resumen de algunos de los
medicamentos más utilizados, con el sólo propósito de dar un
panorama general. Los medicamentos deben ser SIEMPRE prescritos por
un médico, quien vigilará la respuesta de su paciente. Nada puede
sustituir el cuidado profesional. Administrar cualquier medicamento
sin indicación y vigilancia de un médico, constituye un RIESGO
GRAVE para la salud y hasta la vida de cualquier persona.
AntipsicóticosExiste un amplio rango de posibles indicaciones para su uso, como en los casos que exista hiperactividad, agresión, autoagresión, desorganización severa, agitación o insomnio. De este grupo, el Haldol (haloperidol) se ha usado tanto en niños como en adultos con buenos resultados: disminuir hiperactividad, berrinches, irritabilidad, estereotipias y evitación social, así como incrementar el aprendizaje discriminativo. Otros medicamentos incluyen Melleril (tioridazina) y Stelazine (trifluoperazina). Los posibles efectos secundarios incluyen disquinesia tardativa, reportada en 25% a 30% de un grupo de pacientes después de recibir Haldol por dos años, temblores y espasmos musculares. AnticonvulsivosLos individuos autistas son particularmente vulnerables a presentar convulsiones que pueden iniciar en la infancia, la niñez o la adolescencia (30% de los autistas tienen epilepsia). El tratamiento en individuos autistas normalmente requiere medicación anticonvulsiva a largo plazo. Es necesario tener en cuenta que estas personas tienen frecuentemente un nivel intelectual limitado (70% a 80% son deficientes mentales) y la tendencia a presentar conductas inadecuadas. La administración de anticonvulsivos tiene efectos negativos sobre la cognición y la conducta de estos pacientes, por lo que es necesario evaluar en cada caso, si la ocurrencia de convulsiones ocasionales puede ser un precio aceptable a cambio de mantener lo menos afectado posible el nivel cognitivo y la conducta del paciente, siempre y cuando su seguridad personal esté cubierta. De este grupo, Epamín (fenitoinal), Fenobarbital y Mysoline (primidona), pueden tener mayores efectos negativos (incremento de hiperactividad, problemas conductuales y efectos en el aprendizaje), mientras que Tegretol (carbamazepina), Depakene y Atemperator (ácido valproico) parecen tener menor efecto sedante. El Tegretol se ha usado también para controlar arranques explosivos de agresión en individuos que no presentan convulsiones. Parece sin embargo ser más eficaz en personas con EEG anormales. Más recientemente, se ha utilizado el Sabril, que parece ayudar también en el control de crisis de ansiedad y períodos de agitación, con menores efectos colaterales. AnsiolíticosEstos medicamentos suelen indicarse cuando la persona está ansiosa o enojada por cambios en su rutina. Medicamentos como el Ativán (loracepam) pueden servir por un tiempo, pero luego es necesario incrementar la dosis para mantener el mismo efecto. Lo anterior limita su utilización en caso de ansiedad crónica. En ocasiones, medicamentos como Valium (diacepam) o Librax (clidinio) provocan un incremento en las conductas disruptivas, debido a que la persona pierde el precario control de impulsos que tiene. La buspirona es otra droga ansiolítica que se ha utilizado por sus propiedades antiserotoninérgicas y aparentemente existe cierta mejoría, sin haberse observado efectos colaterales. Para algunos individuos, medicamentos como el Tofranil (imipramina) o Evadyne (butriptilina), que caen dentro de la categoría de antidepresivos, actúan como ansiolíticos. Estos medicamentos pueden tomarse por largos períodos sin perder su efectividad o requerir incremento de dosis. Normalmente tienen mínimos efectos colaterales y representan una buena opción en el caso de personas autistas que padezcan ansiedad crónica. AntidepresivosAlgunos individuos autistas padecen trastornos como depresión, manía, compulsiones, ansiedad o pánico. Estos trastornos pueden ser difíciles de diagnosticar en individuos no-verbales, pero una cuidadosa observación nos puede proporcionar valiosos indicios. Si su estado de humor, apetito, sueño o grado de actividad parecen incrementarse por un tiempo y luego regresan a un nivel más normal, la persona puede estar pasando por depresiones recurrentes o un trastorno bipolar (manía-depresión). La información relativa al apetito (pérdida o ganancia de peso), horas de sueño, estado de ánimo (reflejado en el interés/disfrute de las actividades/reforzadoras), nivel de actividad o cualquier verbalización que pueda indicar depresión o euforia, son datos importantes que deben tomarse en cuenta. El Litio es uno de los medicamentos probados para trastornos bipolares en personas autistas. Muchos antidepresivos son efectivos, pero toman de 2 a 3 semanas para una eficacia completa, por lo que son necesarios períodos largos de prueba. La conducta compulsiva y repetitiva puede ser un problema para las personas autistas. Si estas interfieren con los programas educacionales o con las demás personas y no pueden controlarse mediante cambios en el ambiente o entrenamiento pragmático, puede ser necesario intentar medicación. De los medicamentos más usados en individuos autistas está el Anafranil (clormipramina) y el Prozac (fluoxetina). Usualmente, cuando son efectivos, los son a dosis pequeñas, ya que a dosis mayores o un incremento rápido de dosis se ha asociado a mayores efectos colaterales. SedantesLos sedantes pueden prescribirse si la persona no duerme y con ello impide que el resto de la familia duerma y descanse. Lo más efectivo es utilizar el medicamento como una ayuda para establecer un patrón de sueño, junto con la definición de una hora específica para ir a la cama. Una vez que la rutina queda establecida, la medicación puede retirarse gradualmente. Esto puede durar varios meses, pero es lo más efectivo en el largo plazo. Algunos medicamentos usados son el Atarax (hidroxizina), Frisium (clobazam) y Benadryl (difenhidramina). Sin embargo, en algunos individuos estos medicamentos sedantes pueden producir exactamente lo opuesto: excitación e insomnio, en cuyo caso debe intentarse otro medicamento. EstimulantesRecientemente se ha vuelto a utilizar el Ritalín (metilfenidato) en niños autistas con hiperactividad y problemas para focalizar su atención por períodos suficientemente largos como para aprender. Ritalín, Cafedrín (cafeína) y Pomol (pomolina) son los más utilizados. Los primeros dos se dan normalmente durante las horas escolares. Usualmente disminuyen el apetito, por lo que es necesario monitorear la estatura y peso del niño para asegurarse de que ingiera suficientes nutrientes para crecer normalmente. Algunos padres reportan incremento de períodos de extrema tristeza o de berrinches; otros mencionan rebotes cuando termina el efecto de la medicación, así como insomnio durante los primeros días. También se mencionan efectos indeseables en irritabilidad, estereotipias y cognición. En caso de utilizar estos medicamentos, es conveniente que el maestro/terapeuta registre cuidadosamente si existe o no un incremento real en el período de atención y mayor capacidad de concentración, para evaluar objetivamente la efectividad del fármaco. El Pomol puede tomar una o dos semanas más en mostrar resultados, pero debido a los leves efectos colaterales de este medicamento, puede tener ciertas ventajas sobre otros para controlar hiperactividad. Inclusive algunos adultos autistas de alto funcionamiento toman Ritalín para incrementar su atención y disminuir distractibilidad. Bloqueadores OpiáceosEl Naltrexone (naloxona) es un medicamento que bloquea los receptores cerebrales para drogas opiáceas como la morfina. Puede ser muy útil en individuos que presentan conductas auto-agresivas inducidas biológicamente. Una teoría postula que la auto-agresión provoca que el cerebro produzca químicos de tipo opiáceo (endorfinas) que son altamente adictivos, por lo que el individuo repite la auto-agresión para mantener la producción de endorfinas y seguir sintiéndose "bien". Otra hipótesis es que los individuos autistas nacen con un nivel elevado de endorfinas y no sienten dolor al lastimarse, incluyendo cuando lo hacen a sí mismos. Al bloquear el efecto de las endorfinas, el individuo sentirá el dolor. Si un individuo autista presenta conductas auto-destructivas por cualquiera de las razones anteriores, medicamentos como el Naltrexone, provocarán que sienta dolor al lastimarse y bloquearán cualquier bienestar que pueda producirle la auto-agresión. En este caso, la conducta auto-agresiva disminuirá rápidamente. Sin embargo, si esta conducta tiene como objetivo comunicar frustración, evitar realizar alguna tarea o llamar la atención, el Naltrexone no tendrá la eficacia esperada. Hay algunos estudios que han reportado mejorías en socialización, atención, contacto visual, así como disminución de conductas autoestimulatorias e hiperactividad en algunos niños tratados con Naltrexone. Como se mencionó, es necesario tratar de descubrir si la conducta autoagresiva tiene la función de comunicar o aliviar algún dolor. Tal es el caso de algunos individuos autistas que se golpean la cabeza cuando tienen un intenso dolor de cabeza, o los que se golpean el vientre cuando tienen espasmos u otra molestia estomacal importante. En el primer caso, puede intentarse producir presión en la cabeza del paciente; si ello parece ser aceptado, es posible que las autoagresiones se resuelvan con un analgésico. En el segundo caso, usualmente pueden llegar a escucharse ruidos en el vientre de la persona, que nos indican la causa de la molestia, controlable mediante algún antiespasmódico. Beta BloqueadoresEstos medicamentos se usan generalmente para reducir la presión sanguínea alta. Pueden ayudar a individuos que presentan conductas agresivas severas, causadas por una elevación repentina de la adrenalina circulante en el organismo. La adrenalina se secreta cuando el individuo se siente amenazado o alerta y, en el caso de individuos autistas, algunos secretan grandes cantidades de adrenalina ante estímulos pequeños, y luego son incapaces de controlar sus actos debido a las grandes cantidades de esta hormona que están circulando en su sistema. Los medicamentos beta-bloqueadores como el Inderalice (propanol), evitan esta elevación súbita de adrenalina, dando al individuo mayor control sobre sus reacciones impulsivas. Se ha reportado una rápida disminución de agresividad y alguna mejoría en habla. Otros medicamentos para controlar la presión sanguínea como el Catapresán (catapres), también actúan reduciendo la adrenalina mediante un mecanismo distinto, pero ha sido también utilizado para controlar explosiones agresivas e hiperactividad en niños y adultos con autismo, que no han respondido a otros medicamentos. FenfluraminaDesde su dramática aparición en el campo del autismo en 1982, inmediatamente captó la atención de muchos investigadores, por sus efectos en reducir los niveles de serotonina, elevados en un porcentaje de individuos autistas. Diferentes estudios han reportado mejorías en contacto social, reducción de conductas estereotipadas y de hiperactividad, así como mejor atención; algunos inclusive han reportado mejorías en los niveles cognitivos. Los efectos colaterales incluyen anorexia, pérdida de peso, letargia, irritabilidad, problemas para dormir, fatiga crónica y síntomas gastrointestinales. Los más preocupantes han sido los estudios que sugieren un efecto irreversible en las terminales nerviosas serotoninérgicas del hipocampo. |
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